Estar sin estar y la mala educación
Pocas cosas me parecen más desagradables que intentar mantener una conversación con alguien que constantemente interrumpe la charla para contestar los mensajes que le acaba de enviar un coleguilla del curro o su amadísima media naranja (en su mayoría ridículos e intrascendentes, dicho sea de paso). No hablemos ya de los que se adhieren al móvil como una ventosa y pasan el día arreglando asuntos banales a distancia. Para mí, este tipo de gente usa el teléfono porque le pone tener un aparato pegado a la oreja, intercambia mensajitos por el placer de teclear emoticonos y, sobre todo, goza con un falso sentido de omnipresencia que el resto de los mortales debemos interpretar como signo de una intensa vida social. Que les den. Mala educación y falta de tacto, eso es lo que opino.
Tristemente, esta casta de personas que vive permanente conectada a la tecnología y desconectada de su entorno inmediato cada día prolifera más. Es una plaga que nos ataca y se extiende entre amigos, parejas, compañeros de trabajo, hijos, sobrinos y demás parentela. ¿Qué no hay manera de detenerlos?, ¿tendremos que aprender a convivir con esta gente de escasos modales y poco sentido de la empatía? Hay un dicho que reza: si no puedes con ellos, úneteles. Me niego.
